El fichaje de Thiago Almada, refuerzo estelar que hará su debut frente a Argentinos, no sólo sirvió como catalizador para convertir la bronca del pésimo arranque de semestre en esperanza de resurrección futbolística. La pretensión es que la contratación del volante ofensivo complete el circuito ofensivo que hasta el momento, incluso con debuts de otras incorporaciones premium, no ha conseguido darle frutos a River.

El principal problema de River no está en la capacidad para adueñarse de los partidos, sino en lo poco que consigue generar a partir de ese dominio. En las primeras cuatro fechas del Clausura, el equipo incrementó su posesión promedio del 64,8% al 73,3% respecto del Apertura.

La combinación Almada-Ángel Correa-Lucas Beltrán, que implicó una inversión de u$s 45,25 millones, busca potenciar el potencial ofensivo reunido durante el mercado y transformar en la respuesta a la falta de gol. Los registros acumulados por Almada, Beltrán, Correa y Rafael Santos Borré muestran distintas virtudes y permiten dimensionar la jerarquía incorporada.

El desafío es que se consiga la sinergia suficiente para que todos sincronicen y que la inversión dé réditos antes de que la crisis se agrave.